viernes, 9 de septiembre de 2016

Galletas decoradas de caramelo para mi cumple

¿Y qué os cuento yo a esta altura del año?

¡Septiembre ha llegado!

¡Sí!

Y podemos hablar de muchas cosas. El mes de septiembre es un mes que hasta a los más tímidos y menos locuaces les facilita los temas de conversación. Está lleno de topicazos sobre los que divagar y dar vueltas . ¿O no?

 Se nos acaban las vacaciones, snif, snif.

 ¡Ay, ese síndrome posvacacional!

 ¡Qué dura la vuelta al trabajo!

 ¿Pero tú has visto qué tráfico esta mañana?

 ¡Horror, la vuelta al cole, qué de gastos!

 ¡Ufff, qué pereza, la rutina se instala en nuestras vidas otra vez, somos otra vez esclavos de los horarios!

 ¡Madre mía, la de coleccionables absurdos que se inventan!

 ¡Mira dónde se han quedado las cervecitas y las tapas de este verano! ¡Mañana mismo al gimnasio!


A ver, que levante la mano quien no haya sucumbido alguna vez a alguno de estos tópicos. Si es que es imposible… Salen solos y son tan socorridos…

¡Pues, hala, yo no os voy a hablar de nada de eso!



Os voy a contar que… ¡ha sido mi cumple! Ya, ya, que sea mi cumple es tan predecible como todo lo anterior. Siempre ocurre en el mes de septiembre, el mismo día… Pero ¡es mucho más emocionante! Al menos para mí

Así que, centrémonos en eso. Dejemos todos los demás tópicos para otro momento y hablemos de galletas, jeje.

Hacía mucho que no hacía galletas. Mucho. Y con el verano de por medio, con este calorazo que está haciendo, llevaba sin apetecerme enfrentarme al horno, un montón. Y no solo al horno, a la masa que se te pega y se deforma en segundos, al fondant que se pone pegajoso…



Pero, ¿cómo iba a llegar mi cumple y no iba a hornear y decorar galletitas para celebrarlo?

Así que al lío. A decidir de qué quería las galletas y cómo las iba a decorar. Para no romperme mucho la cabeza, me decanté por moldes muy cumpleañeros, con forma de caramelo y de corona. Y la decoración, con fondant, porque eso de meterse con la glasa con estos calores me parecía demasiado.

La receta de las galletas, la de siempre, la que ya conocéis, mi receta fetiche para galletas para decorar, tanto por su consistencia como por su sabor. 




Ingredientes

 250 g mantequilla a temperatura ambiente
 150 g azúcar
 1 cucharadita de extracto de vainilla (es mi preferido, pero le podéis poner cualquier otro)
 1 huevo
 500 g harina tamizada
 Fondant



Elaboración

Batimos la mantequilla hasta que quede cremosa.

Le añadimos el azúcar y batimos hasta que quede bien integrado.

Incorporamos la cucharadita de extracto de vainilla y mezclamos bien.

Medio batimos el huevo y lo añadimos. Batimos.

Por último, echamos la harina previamente tamizada, de poquito a poquito sin dejar de mezclar (a velocidad media o directamente a mano con una espátula).

Terminamos de mezclar todo bien amasando con las manos.

Ponemos un tercio de la masa sobre un trozo grande de papel film y lo cubrimos con más papel film. Con ayuda de dos listones le pasamos un rodillo para dejarla bien extendida a la misma altura. Yo suelo hacer las galletas de 5 mm o de 6 mm de grosor. Hacemos lo mismo con el resto de la masa.

Guardamos bien extendidas las láminas de masa en la nevera para que enfríen y cojan consistencia. Si tenéis mucha prisa, podéis meterla en el congelador.

Cuando haya pasado como mínimo media hora, podemos empezar a hacer las galletas.


Precalentamos el horno a 180º.

TRUCO: para que las galletas no pierdan la forma cuando las horneemos y no se deformen, es muy importante que la masa no se caliente. Para ello, yo voy sacando la masa a trocitos, dejando el resto en la nevera. Cuando un trozo de masa se empieza a poner pegojoso, hago una bolita y al congelador otro ratito.

Cortamos las galletas con los cortadores y las colocamos en la bandeja del horno forrada con papel plata.

Horneamos unos 12 minutos, hasta que los bordes se empiecen a dorar. ¡Cuidado! No conviene dejarlas más porque corremos el riesgo de que se nos queden duras... 

Sacamos del horno y las dejamos reposar en la bandeja unos 5 minutos para que terminen de coger consistencia.

Ahora, las pasamos a una rejilla y las dejamos enfriar.



Ya están listas para decorar.

Si queréis decorar con fondant como yo, podéis consultar cómo hacerlo y mis trucos en esta entrada (pincha aquí). Para conseguir esa textura en las galletas, he empleado unas plantillas muy facilitas de usar. Estas plantillas son simples hojas de plástico con grabados. Basta con colocarlas encima del fondant cuando está ya estiradito y pasarle el rodillo con cuidado para dejarle impresa las formas.

Hasta aquí las galletas de hoy. Mil gracias por leerme y ya sabéis que me hacéis feliz cuando me dejáis un poquito de vosotros en forma de comentario o de "like" en Facebook o Instagram ☺ ♥♥♥ 

¡Muy feliz septiembre a todos!








lunes, 30 de mayo de 2016

Trufas de chocolate para la comunión de mi mediano

I'm late! I'm late for a very important date! 

¿Quién no se acuerda del Conejo blanco de Alicia en el País de las Maravillas que corría y corría como loco con la angustia de llegar tarde?

Así me siento yo: ¡Llego tarde! ¡Llego tarde a una cita muy importante!

Una cita con todos vosotros. Bien es cierto que nunca hemos concertado cita alguna, que nos contentamos con vernos por aquí cuando yo aparezco con alguna nueva receta aderezada con alguna andanza mía o tonterías varias o cuando vosotros me visitáis porque sí o para recuperar alguna receta que os haya gustado.

Pero aun siendo así, aun cuando somos capaces de mantener una relación sin exigencias (os lo agradezco de corazón), no es justo que os tenga abandonados semana tras semana. Siento que llego tarde a nuestra no-cita... J

Para expiar mis culpas, os traigo un bocado absolutamente delicioso: unas insuperables trufas de chocolate.





Hace ya mucho tiempo, mi marido llegó un día a casa gritando a los cuatros vientos las bondades de unas trufas de chocolate que había tomado en el despacho donde trabaja. La artífice de tan grandiosa obra: Leonor, una compañera. Para ser sinceros, no le hice mucho caso. Nunca me habían llamado demasiado la atención las trufas. 

Pero, al cabo de un tiempo, la escena se repitió. ¡Vaya! Habría que indagar y hacerme con esa receta que tan obnubilado tenía a mi marido. Y así conseguí una de las recetas que más éxito tiene.

He de reconocer que me llevó unos cuantos intentos el pillarles el punto y lograr esa cremosidad tan alabada y celebrada por mi marido. Aunque el sabor era magnífico, no conseguía que fueran iguales que las de Leonor. ¡Hay qué ver! Esa cantinela de "están muy ricas, pero no son como las de Leonor" me persiguió durante un tiempo hasta que lo conseguí. Logré emular a la autora original. ¡Ole!


Una de las últimas veces en las que las he preparado ha sido para la comunión de mi mediano. En esta ocasión no he decorado galletas como hice para la comunión de mi grande el año pasado (pincha aquí para verlas) sino que me decanté por estas trufas de chocolate.

Decoré la mitad con fideos de chocolate y la otra mitad con sprinkles de colores.


Para su presentación opté por unas cajitas rizadas de cartón. Corté papel seda en tiritas pequeñas y las coloqué como base. Sobre ello dispuse seis trufas.

Y como la comunión era de mi mediano, le di carta blanca para su etiquetado. Así de bonito lució J


TRUFAS DE CHOCOLATE
(unas 30 unidades, depende del tamaño)

Ingredientes
 200 g chocolate negro (yo utilizo Lindt 70%)
 150 ml nata para montar (MG 35%)
 40 ml ron (opcional. Quizá esta cantidad os parezca que deja demasiado sabor, pero a mí me encanta...)
 Fideos de chocolate, sprinkles de colores, cacao puro... lo que se os ocurra para decorar.



Elaboración
Trocear el chocolate y ponerlo en un bol junto con la nata. Colocar el bol en un cazo con un poco de agua para calentar al baño maría teniendo cuidado de que no llegue a hervir para que el el agua no salpique el chocolate.

Ir removiendo hasta que se derrita el chocolate y logremos una pasta homogénea y suave. 

Añadir el ron y seguir removiendo. 

Retirar del fuego.

Remover con varillas, mejor si son eléctricas, durante unos diez minutos. Esta operación es clave para lograr que tengan esa cremosidad tan valorada.

Tapar el bol con film transparente dejándolo en contacto. 

Reservar en el congelador por lo menos 30 minutos hasta que la masa adquiera una consistencia manejable.

Cuando haya pasado el tiempo necesario, vamos preparando unos boles con los fideos de chocolate, los sprinkles, el cacao o lo que deseéis para que podamos rebozar las bolitas fácilmente.

Sacar la masa del congelador e ir haciendo bolitas. Es importante que la masa no se caliente porque dejará de ser manejable y se nos pegará tanto a las manos que hacer las bolitas será misión imposible J

Meter las bolitas en el bol y rebozarlas con cuidado.

Colocar las bolitas en las cápsulas  de papel o en la caja donde vayáis a guardarlas y conservad en la nevera. 

Para disfrutar de su sabor al máximo, os recomiendo que las conservéis bien fresquitas en la nevera hasta que vayáis a tomarlas.

Un beso, otro y otro. Muak, muak, muak.


jueves, 5 de mayo de 2016

Tarta de tres chocolates

¿Os acordáis de que hace no mucho os conté que la Thermomix había entrado en mi vida? (Pincha aquí). Pues sí. Hará un par de meses que integramos en la familia a este nuevo miembro con más miedo que otra cosa, con la gran duda de si nos sería útil y provechosa o si pasaría a ser otro cachibache más ocupando sitio en la cocina o en el trastero, ¡vete tú a saber!

Señoras y señores, hoy os puedo decir que, para gran alegría de mi escéptico marido, la Thermomix se ha hecho un hueco en nuestra cocina J

Por ahora me está siendo de gran ayuda para los platos salados. Está cumpliendo mis expectativas y gracias a ella estoy cocinando recetas que, de otra manera, no haría.



Desde hace mucho arrastraba tres espinitas: el pisto, el salmorejo y el gazpacho. Tres platos que nos encantan y que por pereza de la mala mala, solo preparaba de siglo en siglo. Eso de picar toda la verdurita para el pisto, eso de pelar los tomates para el salmorejo y el gazpacho, eso de colar con mucha paciencia el salmorejo y el gazpacho para dejarlos bien suavitos... Uffff, too much for me!!

Y ahora... ¡una ola para la Thermomix! Hago pisto casi todas las semanas y, aunque no estamos en verano, ya he hecho el salmorejo dos veces y el gazpacho otras dos J

Por no contar que, gracias a ella, he incorporado platos nuevos riquísimos como la sopa de pescado con un fumet que le da un toque que yo no había preparado nunca, o unas albóndigas cocinadas al vapor que son una delicia.

Un acierto total. Para cocina salada, un diez.

¿Y para la cocina dulce? Me preguntaréis. Pues, para ser sincera, no lo sé. Lo cierto es que no lo sé. Estoy tan acostumbrada a mi robot, le conozco tan bien y le tengo tan pillado el truco para mis recetas, que no le estoy dando muchas oportunidades a la Thermomix para demostrarme lo que vale Todo se andará.

Por ahora la he puesto a prueba con la tarta tres chocolates y, fantástica. Resultado impecable J


Tarta tres chocolates 
(con Thermomix)
(Para ver la receta tradicional, pincha aquí)

Ingredientes
Para la base de galleta (opcional):
   200 g de galletas tipo María o Digestive
   100 g de mantequilla a temperatura ambiente

Para la capa de chocolate negro:
   200 g de chocolate negro
   200 ml de nata 35% MG
   200 ml de leche
   1 sobre de cuajada

Para la capa de chocolate con leche:
   200 g de chocolate con leche
   200 ml de nata 35% MG
   200 ml de leche
   1 sobre de cuajada

Para la capa de chocolate blanco:
   200 g de chocolate blanco
   200 ml de nata 35% MG
   200 ml de leche
   1 sobre de cuajada

Elaboración

Para la base de galleta:
Poner en el vaso de la Thermomix las galletas y triturarlas 5 segundos a velocidad 8.
Añadir la mantequilla a temperatura ambiente y mezclar 5 segundos a velocidad 5.
Extender esta masa en un molde desmoldable de 25 cm repartiendo uniformemente y aplastándolas.

Para la capa de chocolate negro:
Poner en el vaso el chocolate negro y trocearlo 5 segundos a velocidad 7.
Añadir los 200 ml de leche, los 200 ml de nata y el sobre de cuajada. Programar 7 minutos, 90º, velocidad 4.

Echar sobre la base de galletas con ayuda de un colador. Reservar en la nevera para que vaya cuajando antes de echar la siguiente capa.

Para la capa de chocolate con leche:
Poner en el vaso el chocolate con leche y trocearlo 5 segundos a velocidad 7.
Añadir los 200 ml de leche, los 200 ml de nata y el sobre de cuajada. Programar 7 minutos90º, velocidad 4.

Echar sobre la capa de chocolate negro con ayuda de un colador. Para evitar que se rompa la capa de chocolate negro, la pincharemos con un tenedor muchas veces. Reservar en la nevera para que vaya cuajando antes de echar la siguiente capa.

Para la capa de chocolate blanco:
Poner en el vaso el chocolate con leche y trocearlo 5 segundos a velocidad 7.
Añadir los 200 ml de leche, los 200 ml de nata y el sobre de cuajada. Programar 7 minutos90º, velocidad 4.

Echar sobre la capa de chocolate con leche con ayuda de un colador. Para evitar que se rompa la capa de chocolate con leche, la pincharemos con un tenedor muchas veces. 

Dejar reposar la tarta en la nevera por lo menos 4 horas para que cuaje perfectamente. Esta es una tarta perfecta para preparar de un día para otro. 


Pues, hala, ya no tenéis excusa. Os he dejado la receta tradicional (pincha aquí) y con Thermomix así que ahora, ¡a prepararla! 

Besos, besos y más besos, y gracias por seguir ahí y no olvidarme J



martes, 22 de marzo de 2016

Elastic Girl y, al final del post, deliciosos muffins chocolateadísimos

22 de marzo de 2015. Domingo por la tarde.

¡Ring, ring! (o como demonios suenen ahora los teléfonos).

- ¡Hey, Ni! ¿Qué tal? - era domingo por la tarde y llamé a mi hermana para charlar con ella.

Había amanecido en Londres un día radiante, me dijo. Con un sol de los que rara vez brilla en el cielo londinense y había aprovechado para ir a comer a casa de su amigo Antonio. De hecho, mi llamada la sorprendió despidiéndose de él después de la sobremesa.

Así íbamos: yo encerrada en la habitación de mi mayor, por aquello de tener intimidad mientras hablaba por teléfono; y ella caminando por las calles de Londres de vuelta a su casa.

Y, de pronto...



¡¡¡Booom!!!! ¡¡¡¡Crash!!!

Ruido de fondo de barullo de gente y de coches.

- Niii. Inéeeeeeessssss. Hoooolaaaa - grité después de tal algarabía de ruido.

- Niiiiiiii.

- Niiiii. Inéeeeeessssss. Coge el teléeeeeefonooooo.

Me empecé a poner nerviosa.

Si se le ha caído el teléfono mientras hablábamos, ya tendría que haberlo recogido...

- Niiiii. Tíiiiiiaaaaa. Coge el teléeeeefonooooo.

Me empezó a temblar la voz.

- Niiiiiiiiii. Inéeeeeeeeeessssss.

Ha tenido que pasar algo. No es normal. 

Mi cabeza en estos momentos se mantuvo especialmente fría y no se perdió en elucubraciones absurdas. Colgué el teléfono. Bendita información recibida sobre sus planes: acaba de salir de casa de Antonio. Antonio no vive muy lejos de ella. Todavía no ha llegado a su casa...

¡Llama a Antonio!

¡Claro! ¡Tengo que llamar a Antonio!

- Antonio, soy la hermana de Inés. Ha pasado algo. No sé el qué, pero ha pasado algo. Iba hablando con ella por el móvil y se le ha caído y ya no me lo coge.

- Tranquila. Acaba de salir de mi casa.

- Sí, ¡claro! Por eso te llamo. Me ha dicho que estaba volviendo andando de tu casa a la suya y le ha pasado algo. Antonio. No sé qué ha pasado...

- Salgo a buscarla. No te preocupes. Salgo ahora mismo a ver si la encuentro.

¿Qué hago? ¿Qué hago? No podía parar quieta.

- ¡¡¡Niiiii!!! ¡¡¡Niiiiiii!!! - gritaba desesperada como si pudiera oírme.



Con dedos temblorosos accedí a últimas llamadas y por azar pulsé en Facetime activando así una llamada con imagen.

- Hello?? - ante mí, en la pequeña pantalla de mi móvil, apareció una chica morena saludando.

- ¿¡Inés!? ¡Estoy buscando a Inés!

- ¿Eres una amiga? - me contestó en inglés.

- No, no, soy su hermana, estoy llamando desde España. ¿Dónde está mi hermana? - todavía no sé cómo pude articular palabra y mantener una conversación en inglés con mi cabeza girando como un torbellino a mil por hora.

- Tranquila. Está aquí. Ha tenido un accidente. Un coche la ha atropellado.

- But is she ok???, is she ok???? - pero ¿está bien?, ¿ está bien?. Esta pregunta se ha quedado grabada a fuego en mi memoria. "Is she ok?" Lo pregunté una decena de veces. Como un mantra.

- Si, tranquila. Está bien. Ha tenido un accidente. Se ha golpeado la cabeza, pero está bien. Hemos llamado a una ambulancia.

El caos y la zozobra en los que estaba sumida solo me permitieron reaccionar a medias. Alcancé a contarle que como mi hermana no me cogía el teléfono después de que se le cayera, había avisado a un amigo suyo español que vivía cerca y que él había salido a la calle en su búsqueda. Le facilité el nombre y el teléfono y le pedí que, por favor, le llamara para decirle lo que había pasado y el sitio exacto donde se encontraban.

Volví a llamar a Antonio. No me lo cogió. Desesperada le mandé un whatsapp:

"Le ha atropellado un coche. Está bien. He hablado con alguien que me ha cogido el teléfono. Han llamado a una ambulancia. Pero dice que está bien. Pero no he hablado con ella".

¡No he hablado con ella! ¡Madre mía, no he hablado con ella!

¿Cómo era posible? ¡No había hablado con ella!

Is she ok? Is she ok? Is she ok?- empecé a repetirme en tono de burla a mí misma. ¡Joder! ¡Pero si ni siquiera había hablado con ella!

A los pocos minutos, recibo un whatsapp de Antonio:

"La chica que está con ella me acaba de llamar. Ahora te cuento".

Ahí me derrumbé. Me empezó a temblar todo el cuerpo. Me fallaron las rodillas. Me dejé caer en el asiento-tigre de peluche de mis hijos. Gordos lagrimones me empezaron a caer. En nada, los sollozos eran incontrolables.

En algún momento de este alboroto, entró mi mediano en la habitación. Cuándo exactamente, no lo sé. Debió acudir asustado por mis gritos llamando a mi hermana. Recuerdo flashes de su carita de preocupación preguntándome "mami, ¿qué pasa?, ¿qué pasa, mami?". En algún otro momento debieron llegar los otros dos.

Al verme llorar desconsolada, se alarmaron de veras.

- ¡¿Qué pasa?! Mami, ¡¿qué pasa?!

- Nada- acerté a decir-. Han atropellado a tita Ni. Pero está bien.

- Mamiiii, ¿se va a morir tita Ni?- Era la voz del más pequeño que me miraba compungido y asustado. Esta pregunta la recordaré siempre. Inocencia de los niños.

- Nooooo. Claro que no. Está bien. Está yendo una ambulancia para ver qué tal está. Pero no hay que preocuparse.- Esto me lo dije más a mí misma que a él.

Todavía no había podido hablar con ella. ¿¿Cómo estaba tan segura de que estaba bien??

Dejé pasar diez minutos. Volví a mandar un whatsapp a Antonio.

"Antonio, has llegado? Sabes algo más??"

Tuvieron que pasar todavía quince más antes de recibir una respuesta suya:

"Estamos hablando con la poli. Te llamo en breve".

Hablé con Antonio. Me describió la situación. Me confirmó que mi hermana estaba bien. Que la ambulancia estaba a punto de llegar. Pero, no, en ese momento no podía hablar con ella. Me tenía que dejar. Tenía que atender a la policía.

¡Joder! ¡Solo quiero hablar con mi hermana! ¡Oírle decir que está bien!

Volví a escribir a Antonio totalmente desesperada. "Puedo hablar ya con ella? Estoy angustiada".

Y, por fin, me llamó, y me pasó a mi hermana. Totalmente desubicada y sin saber muy bien qué había pasado. Descentrada. Pero ella y, aparentemente, bien.

Ya. Ahora sí. Ahí me relajé. Aflojé. Ya. Ahora la llevarían al hospital, la revisarían y nos quedaríamos tranquilos todos.

Una vez superado el trance, una vez volví a hablar con ella desde la ambulancia que la llevaba al hospital acompañada de Antonio, me sentí con fuerzas para llamar a mi madre y contarle lo ocurrido. Con final feliz incluido. Ya no podía torcerse. Ni qué decir tiene que la invité a cenar a casa. Necesitaba más que nunca un abrazo fuerte fuerte. Cenamos juntas, nos desahogamos y, entre risas, decidimos que nos merecíamos un buen Lexatín de postre J.



Vaya post denso e intenso os he dejado hoy, ¿eh? Pero podéis respirar tranquilos J. Todo terminó bien. Con un golpe en la cabeza y diversas magulladuras que han estado dando la lata unos cuantos meses pero nada roto ni irreparable.

Así que hoy celebramos el primer aniversario de Elastic Girl. No os riáis, que después del impacto y de salir volando por los aires, no se hiciera apenas nada, le ganó el mote de Elastic Girl durante un tiempo J.

Y, ¿qué? ¿después de todo esto os pensabais que os iba a dejar sin receta?? ¡Ni hablar! Os traigo una receta súper fácil, rápida, con muuuuucho chocolate, sin mantequilla, con leche de soja... De esas  recetas maravillosas para levantar el ánimo y ayudaros a superar cualquier revés J

Ingredientes

(Para unas 30 mini magdalenas o 15 magdalenas)

225 g harina
 190 g azúcar
 15 g levadura tipo Royal (1 sobre)
 2 huevos M
 25 g cacao tipo Valor
 90 g aceite
 250 ml leche soja (o de vaca si no tenéis intolerancia a la lactosa)
 1 cucharadita de extracto de vainilla
 40 g pepitas de chocolate (o más, o menos... ¡al gusto!)



Elaboración
Como siempre, empezamos calentando el horno para luego no perder tiempo: calor arriba y abajo a 180º.

Tamizamos en un bol la harina y el cacao. Añadimos el azúcar y la levadura. Mezclamos.

En otro bol batimos el aceite con los huevos. Le incorporamos el extracto de vainilla y la leche. Volvemos a batir.

Echamos el bol de los sólidos en el bol de los líquidos y mezclamos hasta conseguir una masa homogénea.

Añadimos las pepitas de chocolate y mezclamos.

Vertemos la mezcla en las cápsulas de las magdalenas que estarán colocadas en una bandeja de cupcakes, de mini cupcakes o flaneras. Como os apañéis ☺. Rellenamos aproximadamente dos tercios de las cápsulas.

Y al horno. Colocamos la bandeja en una altura media y dejamos hornear unos 15 minutos si son mini magdalenas o el doble de tiempo si son magdalenas.

Sacamos del horno y pasamos a una rejilla para que terminen de enfriar.

Muy feliz Semana Santa tanto si viajáis como si os quedáis en vuestra casita. Disfrutad todo lo que podáis y sed muy felices J

jueves, 25 de febrero de 2016

Receta de natillas y cómo la Thermomix ha entrado en mi vida

¡Por fin he entrado en el club de los que tienen la Thermomix! No sé si estoy de fiesta o de funeral... Digamos que yo estoy de fiesta J y mi marido está de funeral L

Mi historia con la Thermomix es una historia muy larga, de hace muchos años. Es una historia que bien podríamos calificar como la clásica historia amor-odio.

Creo que no exagero si digo que mi relación con ella empezó hace por lo menos cuatro o cinco años. 

Lo típico. Amigas que la tienen, vecinas que la tienen, compañeras de trabajo que la tienen... Amigas, vecinas y compañeras que te cuentan las bondades de la Thermomix... 

Y yo, que soy muy facilona, me dejo encandilar: pues es verdad, me vendría muy bien. Sí, con tres enanos me facilitaría mucho las cosas. Sí, me ayudaría mucho para las cenas. Así no tendría que estar enganchada a la sartén o al cazo y podría estar más pendiente de los niños. Claro, mientras la maquinita va haciendo las cosas sola, yo puedo estar con los enanos estudiando, controlando que se duchen como es debido, charlando... O puedo dedicar el tiempo a centrarme en mis cosas, que no solo de hijos vive la mujer, jeje. Sí, sí, me vendría muy bien. Además, así puedo abrir mi abanico de menús, que se me acaban las ideas, y seguro que la maquinita me motiva a hacer nuevos platos.

Todo comodidades y utilidades, ¡menos el precio! Y es que vaya precio tiene la maquinita. ¡Madre mía! Un precio tal que me hace replantearme todo: no, no me hace falta. Yo me organizo muy bien tal y como estoy. Además ya le tengo pillado el truco a mis recetas y me gustan así. No sé yo si me va a convencer cocinar con ella. Mira que si luego no me gusta cómo sale la comida. Y si no le saco provecho... Porque yo ya estoy hecha a cocinar de una manera y lo mismo no me acostumbro a la maquinita. 

Y a estas reflexiones siempre ha contribuido generosamente mi marido, reacio desde el primer momento a incorporar ningún aparato más a nuestra cocina: la maquinita cuesta mucho dinero, ¿estás segura de que la vas a utilizar?, ¿estás segura de que le vas a sacar provecho? Que tú cocinas fenomenal y no necesitas ninguna maquinita más. Además, ¿dónde la ponemos? No hay un solo hueco en la cocina. No caben más trastos tuyos. Piénsatelo bien. No te vayas a arrepentir.


Y mareándome como un pato he ido de unos argumentos a otros. Pin, pan, de un lado a otro. Sin terminar de decidirme. 

Hasta que hace unas semanas, hablando con una conocida en el cole me enteré de que ella vendía la dichosa Thermomix. Y, ¡hala!, todo el debate "Thermomix sí, Thermomix no" recuperó su apogeo y actualidad.

El hecho de ser una persona muy cercana, con la que me llevo muy bien y a quien veo muy a menudo, me sirvió de acicate. Así que me lié la manta a la cabeza, le dije a mi marido que el fantasma de la Thermomix se me había reaparecido y que le iba a dar una oportunidad de una vez por todas;  y quedé con mi amiga para que me hiciera una demostración.

Dicho y hecho. Sábado por la tarde, día elegido como puesta a prueba de la maquinita. Me tenía que convencer. Era una demostración a vida o muerte, jeje. Como degustadores, la familia Biafra, invitada a casa a cenar. 

Lo primero, no os riais, fue buscarle ubicación en mi pequeña encimera. Una vez vimos que encontraba su sitio en mi cocina sin desplazar a la cafetera ni al calentador de agua, nos metimos en faena.

Puedo decir que no nos defraudó en absoluto. Preparamos espaguetis con salsa de tomate y chorizo para los niños, y puré de verduras y fiduá para los mayores. (Ya, un menú un poco raro, pero me permitiréis no entrar en los detalles de su elección J . Un rollo cero interesante, por otra parte).

Y ahora, unos cuantos euros más pobre, estoy esperando a que la casa me la sirva y poder empezar a disfrutar de todas las maravillas que se supone que me ofrece. Ya os contaré.

Mientras tanto, como yo todavía soy muy de mi cocina de toda la vida, aunque la Thermomix terminará ocupando un lugar en mi corazoncito, os traigo una receta de natillas hechas a la manera tradicional, siguiendo la receta de mi suegra. Tan tradicional es la receta que me ha costado no pocos intentos fijar las cantidades de los ingredientes, porque como receta de toda la vida, mi suegra no tiene las proporciones medidas. Ella lo hace más o menos a ojo según le pide la comida en el momento y le dice su experiencia. ¡Como debe ser! Pero, en fin, para los que no tengáis todavía esa destreza, como yo, os vendrá muy bien que os diga los gramos y mililitros bien mediditos J

Allá va, la receta de natillas más ricas del mundo: la de mi suegra 



NATILLAS

Ingredientes
• 750 ml. leche. (Yo utilizo leche de soja y, aunque deja un regustillo final distinto, están igualmente deliciosas)
• 3 yemas de huevo
• 100 g azúcar
• 30 g harina de maíz (tipo Maizena)
• Cáscara de un limón
• Canela (opcional)
• Galletas tipo maría o digestive (opcional)
• Frambuesas (opcional)

Elaboración
Echar en el vaso de la batidora, un vaso de leche aproximadamente, las tres yemas de huevo,la harina de maíz y el azúcar. Batir.

Poner el resto de la leche en un cazo a calentar a fuego medio bajo con la cáscara de un limón (¡bien lavadito!). Pasados unos minutos en los que la leche haya cogido el sabor del limón, retirar la cáscara y subir la temperatura.

Cuando empiece a hervir, bajar el fuego otra vez a medio bajo e ir echando poco a poco el contenido del vaso de la batidora sin dejar de remover con unas varillas.

Permanecer removiendo sin parar hasta que empiece a espesar. Retirar. Tened en cuenta que al enfriar espesará aún más. Tal y como os he contado la receta, las natillas quedan ligeras y muy suaves, nada espesas.

En mi casa, herencia de mi suegra, nos gusta poner una galleta, tipo maría o digestive, en el fondo del bol y verter encima las natillas, en vez de verter primero las natillas y colocar la galleta encima.

Así que si os parece, colocad las galletas en los boles (sale aproximadamente para unos seis boles) y verted inmediatamente las natillas por encima.

Espolvorear canela y dejar enfriar.

Por último, y tomando prestada la idea de un restaurante de San Pedro de Alcántara en el que sirven unas natillas que no están nada mal J, podemos coronarlas colocando una o varias frambuesas. La combinación es deliciosa...
       


Un beso enorme a todos y no olvidéis que me podéis seguir por facebook J