No sé qué me pasa con los helados pero me dan mucho respeto.
Puede que sea porque muchas recetas son para hacerlos con heladera y yo no tengo ni tendré (si compro un cachivache más, mi marido me echa de casa) o porque la primera y única vez que los intenté hacer me salió tan mal (así como con el azúcar cristalizado) que ya no me atrevo con ellos.

Aunque sigo contenida y no me lanzo, llevo varios días navegando sin parar buscando recetas de helados. Sin mucho criterio, la verdad, porque no sé dónde radica el truco para lograr un helado rico y cremoso que se pueda hacer sin maquinita y sin demasiado trabajo (ahí sale mi vena vaga, jeje :-))
Así que, mientras me vuelvo loca buscando una receta que me convenza y que me anime a intentar hacerlos de nuevo, me he aferrado a mi receta adorada e infalible de galletas de mantequilla para hornear una versión segura de helado con masa de galleta decoradas con glasa.
Un beso muy grande a todos, mil gracias por leerme, y, si tenéis una receta de helado de esas geniales, ¡compartidla conmigo!


